13 abril 2021

«No veíamos el momento de reabrir»

Sector turístico. Hoteles, casas rurales, campings y empresas de turismo activo ultiman los detalles para recibir a sus primeros clientes en cinco meses

CHELO TUYA Viernes, 9 abril 2021, 16:03

Huele a limpio. Muy limpio. Desinfectado, de hecho. Huele a recién pintado, a madera barnizada, a cristales casi pulidos. Huele a hierba segada, a equipos higienizados. Pero, sobre todo, huele a ganas de «volver a la vida», a «trabajar», a «llenar», a recibir a los primeros clientes en cinco meses. El sector turístico asturiano recupera mañana su actividad. No total, porque la región sigue en situación de cierre perimetral, pero sí para el ocio de los asturianos. Si el sector hostelero brinda por las terrazas abiertas hasta las once, la oferta de alojamiento regional y las empresas de turismo activo lo hacen por poder acoger a turistas.

«No veíamos el momento de reabrir», confiesa Victoria Rodríguez. La directora del Hotel Silken Gijón no ha parado de trabajar en estos meses, pero solo para atender aquellos viajeros con permiso expreso para pernoctar fuera de su domicilio. El suyo ha sido, como el Hotel La Polar, de Adela Vincelle, o el Camping Municipal de Deva, el mayor de la región que dirige Tony Amieva, integrante del grupo de alojamientos 'esenciales', abiertos para emergencias. «Y no es lo mismo».

Más de 200 alojamientos en la región han mantenido sus instalaciones disponibles para los viajeros con acreditación para pernoctar. Es decir, quien tenía un permiso de trabajo, una cita médica o judicial. «Pero ser esenciales no ha significado que tuviéramos muchos clientes. Ha habido poco movimiento», sentencia Tony Amieva.

Los alojamientos han cambiado a golpe de virus sus fórmulas de gestión. «Ya no se premia la reserva anticipada, como se hacía antes, porque sabemos que el cliente de última hora es el mayoritario, debido a la situación cambiante casi de cada día».

Más de 90.000 plazas

Una situación que complica aún más las cuentas en rojo de un sector que supera las 90.000 plazas de alojamiento y que ha visto congeladas las tarifas, pese a incrementar los gastos. «Nosotros inauguramos en mayo de 2005 y, al poco, el batacazo de la crisis de 2008, de la que no hay que olvidar que no salimos hasta 2015».

Lo dice Mari Paz Villamandos, propietaria de La Casona de Quintes, una casa familiar convertida en hotel rural que ha sido totalmente renovado durante estos meses de cierre. «No hemos parado de pintar, de comprar cosas, de hacer cambios. Además de incrementar todos los sistemas de limpieza a los que nos obliga la lucha contra la covid». Villamandos tiene claro que las tarifas se mantendrán, «porque los gastos se han incrementado mucho». Por ejemplo, la limpieza de cada habitación que antes hacía una sola persona, «ahora es necesario hacerla entre dos. Primero la desinfección y luego hacer la habitación propiamente dicha».

Como sus compañeros del sector hotelero y de camping, la propietaria de La Casona de Quintes reconoce que el pasado verano «fue mucho mejor de lo esperado», pero también apunta a que «en Asturias, la temporada se reduce a dos meses de verano y la Semana Santa. Incluso cuando hablamos de esa semana, en realidad solo hay negocio los cuatro días festivos».

Pérdidas millonarias

Recuerda ella la ilusión de su primera Semana Santa, «en 2006, cuando tuve reserva para toda la semana. Cuando se lo comenté a un compañero, porque en el sector nos apoyamos mucho unos a otros, me dijo que no pensara que eso es lo habitual. La Semana Santa en Asturias, en cuanto a alojamiento se refiere, no pasa de un puente largo».

Un puente largo que genera el 7% de los ingresos anuales del sector. Uno que dejó en las arcas regionales más de 2.200 millones en 2019, pero que acumula pérdidas tras la llegada de la pandemia, en marzo pasado. En la Semana Santa de 2020, fueron más de 45 millones los perdidos, según un estudio realizado por EL COMERCIO. En la pasada, Otea habla de 27,1 millones, con la diferencia de que hace un año el confinamiento era total y, en esta ocasión, hostelería y comercio, aún con limitaciones, pudo abrir.

«Esta Semana Santa lo hemos pasado mal al ver que unos hacían lo que a nosotros nos prohibían», apunta Tito Conde. Fundador de Deporventura, una empresa de turismo activo insertada en los Valles del Oso desde 2000, Conde confía en que «si hace sol, este fin de semana podamos volver a trabajar». Un trabajo del que dependen «hasta 15 personas», pero con el que ahora «solo podemos estar cuatro».

Fuente: EL COMERCIO

Rural. Paz Villamandos, en La Casona de Quintes. / JOAQUÍN PAÑEDA